
Ingredientes (para 4 personas):
- 300 g arroz integral
- 200 g salmón fresco
- 1 brócoli
- 400 g champiñones frescos
- Tomates cherry
- 50 g de almendra tostada picada
- 4 dientes de ajo
- Unas ramitas de perejil fresco o una cucharadita de orégano seco
Preparación:
Lavamos bien el arroz y cocinamos como de costumbre. Reservamos en una fuente.
Hacemos unos champiñones al ajillo: en una sartén salteamos en aceite de oliva el ajo y las hojas del perejil picados. Añadimos los champiñones limpios y troceados y salteamos hasta que cambien de color y queden a nuestro gusto. Los echamos sobre el arroz reservado.
Picamos el brócoli bien fino (que quede textura de cuscús), salteamos unos 3 minutos con un poco de aceite y lo vertemos en la fuente con el arroz.
Salteamos el salmón, lo troceamos y añadimos a la fuente.
Y coronamos (¡sin virus, keep calm!) nuestro plato con los tomates cherry y la almendra picada.
¡Bon profit!
Comentario nutricional:
En la receta del wok de sushi con salmón hablábamos un poco de la importancia del omega 3, pero muy por encima de la vitamina D que también nos aporta este pescado azul. Aprovecharemos esta entrada para explayarnos un poco más respecto a este tema.
La vitamina D es una vitamina liposoluble, es decir, se encuentra en la grasa. Tiene diversas funciones: la correcta absorción del calcio para la formación de huesos y dientes, el correcto funcionamiento del sistema inmune, del sistema musculoesquelético y del sistema nervioso. Además, la carencia de vitamina D se asocia a mayor riesgo cardiovascular e incluso podría relacionarse con algunas enfermedades autoinmunes. Es frecuente el déficit de vitamina D en la población anciana.
La principal fuente es la exposición a la luz solar, gracias a la cual nuestra piel convierte el colesterol en vitamina D (ojo con las exposiciones prolongadas, sin protección y en horas peligrosas en cuanto al cáncer de piel). También podemos encontrar fuentes alimentarias de vitamina D como los pescados azules, huevos, lácteos, vísceras (argh…), hongos y alimentos fortificados (como la leche enriquecida en vitamina D, por ejemplo).
Es bueno saber que si a la leche le quitamos la grasa (leche desnatada), perdemos también la vitamina D ya que, si recuerdas, estaba en la grasa. Por ello no se recomienda tomar lácteos desnatados si no es por prescripción de un profesional, o bien tomarlos fortificados.